La vida puede ser convertirse en un martirio para muchas personas, sobretodo para aquellos que están alineados, aquellos que viven fuera de lo aceptable, algo que podemos ver en la película Joker (2019), dirigida por Todd Phillips, que estrenará el 4 de octubre.

En esta producción seguimos los pasos de Arthur Fleck (Joaquin Phoenix) en su caída en el abismo, situación que lo lleva a convertirse en el criminal payaso, conocido como el Joker. Si bien este personaje es reconocido por su unión al mítico Batman, la historia que se trata aquí es algo alternativo, una versión diferente, un Elsewords.

Fleck en las primeras escenas se muestra como un hombre enfermo, una persona con problemas mentales, que destaca por un peculiar «tic», ya que cada que tiene miedo, está nervioso o estresado se ríe de manera involuntaria, una condición que incomoda a quien lo rodea, incluso causa cierta repulsa. Algo que nos confronta porque este comportamiento de alejamiento a la enfermedad es de lo más usual.

Al principio de la película, Arthur intenta llevar una vida «normal», un sujeto que simplemente intenta encajar, disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Estos placeres son ver su programa favorito conducido por Murray Franklin (Robert de Niro) en compañía de su madre Penny Fleck (Frances Conroy). Al estar la figura paterna ausente, la fantasía de Arthur es que algún día Murray reconociera los sacrificios que éste hace para cuidar a su madre. La fantasía es algo recurrente en la vida de Fleck, un medio para alejarse del cruel mundo.

En diversos momentos, Fleck intenta conectar con personas que están fuera de su círculo, aquí destaca la presencia Sophie Dumond (Zazie Beetz), una vecina que sólo con una muestra de amabilidad logra confundir a Fleck, quien en desesperado soledad la busca.

La ciudad resulta ser muy cruel para alguien que no está capacitado mentalmente, ya que una tarea tan sencilla como el trabajo de ser payaso es algo de lo más complejo para Arthur, pues desde chicos que se aprovechan de él hasta compañeros que en la primera oportunidad lo traicionan es algo que vive día a día.

Sería fácil ver con cierta pena al personaje de Phoenix, pero no debemos olvidar en quién se convertirá, todo esto son sólo los ingredientes que nos permiten un poco de empatía, mas no aprobar su comportamiento.

En diferentes momentos, Fleck es mostrado en este ahínco de subir unas escaleras, una forma de mostrar cómo es que él se empeña en llegar a la cordura, esa cuesta que lo desgasta, siempre en oscuridad. El cambio es cuando acepta su locura y por eso como se muestra en el clip de arriba, vemos hasta un colorido, cuando el protagonista desciende.

Pero no cae solo, en cierta forma es empujado, ya que la violencia, de la que tanto se habló, es ejercida a Arthur Fleck, un enfermo mental que es aplastado por la indiferencia y bulleo (por decirlo de una manera), una víctima fácil para aquellos que en grupo buscan aprovecharse de alguien.

Este ambiente violento, es parte del contexto en el que se presenta Gotham, una ciudad llena de ira, una población que se siente engañada y burlada por la clase alta. Aquí hay otra clara muestra del viejo adagio, de que el arte imita a la vida, por toda esta situación los pobres son los afectados, pues programas de apoyo y asistencialismo, del que es parte Fleck, son cortados debido a que no son tomados en cuenta.

Un ser invisible que sólo es receptor de la violencia se transforma al defenderse. Fleck un día se harta y se defiende, un acto que lo marcará, ya que es su primer paso a abrazar la locura, pues esto lo transforma y lo convierte en alguien que influye en la sociedad, una especie de vengador por los pobres, ya que mata a  tres banqueros, tres seres que representan lo «mejor de la sociedad». 

Cada elemento mostrado en la película son esenciales para comprender el camino que recorre Fleck, para empatizar con sus malestares, la soledad y tristeza que le invaden, además de sentir que es alguien invisible, que no existe salvo por los actos horribles que comete. Se reconoce en lo monstruoso.

Esto puede ser la razón del rechazo y ataques, un miedo de que algunos se justifiquen en la ficción, pero es algo extremista. Como siempre este tipo de reacciones nos hablan más de las personas que lo hacen. Tal vez aquellos que atacaron la película de Phillips es que se ven reflejados en alguna de las actitudes violentas hacia el personaje de Fleck. Sólo una observación.

Y es que el director en ningún momento muestra rechazo o aprobación hacia los actos que comete el personaje de Phonenix, ya que éste sólo es llevado por la vida, la narración lo lleva hasta convertirse en ese ser capaz de incidir en las masas. En cierto momento, los participantes de una historia viven su propia vida.

Otro punto que confronta a algunos espectadores es el poder mediático, pues son estos los que alimentan a Arthur, además de que buscan burlarse de sus acciones y todo su ser. Este grupo que es capaz de incidir en las sociedades, aquí se reparte algo de culpa, pues ellos son partícipes de la creación del Joker. En alimentar el ego de este tipo de personas.

La gran tragedia de Arthur regresa a su madre, a una mujer que también enferma lastimó a su hijo y es responsable de esa risa incontrolable. Este arco concluye de manera muy griega, con un parricidio, último acto que lo libera, último vínculo que lo deja caer al vacío. Al final de todo este drama sólo queda aceptarlo y al ritmo de That’s Life (Remastered 2008), de Sinatra,  se relata el último acto. Un cierre en el que Fleck sólo disfruta, acepta lo que se viene con una sonrisa.

Joker es una película que nos confronta en cómo tratamos a aquellos alineados, no por el miedo en que se conviertan en asesinos, sino el cómo los ignoramos, como en algún momento hemos sido quienes lo molestan y que bastan una serie de eventos desafortunados para que ellos (o nosotros mismos) caigamos en la locura. Pero la caída nunca es tan fácil, se trata de una serie de eventos. No sólo un mal día basta como en Killing Joke.

 

Sobre El Autor

La nostalgia al papel lo hace leer con esmero todo lo que le caiga en sus manos, adicto a la tradición de hablar demasiado, amante del cotilleo, la tecnología, los comics y las relecturas de su propio espacio. Puedes leer sus irreverencias a través de @IlPalabroEnferm y @LuisGuiSan

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