Si hay algo que transmite el remake de Hellboy, dirigida por Neil Marshall, es la pasión que pese a los inconvenientes, y estar a la sombra de Del Toro, se atrevieron a crear esta película y mostrar otra visión del personaje.

Esta reinterpretación destaca por su toque gore, humor extraño (tal vez, por ser inglesa) y poco usual es lo que más sobresale; casi como un trabajo de clase B, aunque por la inversión y efectos se queda en medio, un limbo que a algunos gustará y a muchos alejará.

La película de Marshall inicia con la continúa batalla de la humanidad con aquello que es desconocido, la constante lucha con lo que no entiende del todo: la magia. Este conflicto es un elemento que está presente durante el largometraje, demasiado explícito, ya que el personaje de Hellboy (David Harbour) es alguien que vive esto de manera interna.

Como se deja ver, un elemento negativo es la cuestión de lo explícito, diálogos demasiado obvios, que llenan los huecos, en vez de sólo mostrar, algo que no logra cuajarse del todo con la acción repentina y veloz, que va demasiado rápido, debido al uso del CGI con poco presupuesto.

El tono cómico y desenfadado se muestra desde las primeras escenas con Hellboy, pues nos llevan a un paseo por México, donde vemos puntos tan característicos como la lucha libre, vampiros y el tequila. Un guiño a la compleja relación que tiene el personaje con el país. Además de que sirve para mostrar el trabajo de la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal y la facilidad con la que los agentes mueren como si nada; los humanos son intercambiables tan fácilmente.

Otro punto, en el que se hace hincapié, es el miedo que provoca Hellboy a los humanos, debido a que diversas profecías lo anuncian como el átomo de las calamidades, aquel que traerá la destrucción de la humanidad. Algo que también Guillermo del Toro trató, aunque él lo difumino mediante el amor.

Resulta complicado dejar de lado el Hellboy de Guillermo del Toro, pues lo fácil es caer en la comparación y no verlo como visiones complementarias. Cada director toma elementos clave del personaje y deja muchos otros de lado.

Lo anterior, queda de manera clara más expuesta en la relación de Hellboy con su padre el Profesor Broom, ya que en ambos existe ese amor padre-hijo, pero el tratamiento que cada director a esto es bastante diferente. Del Toro, un poco más tierno, hasta maduro podría pensarse; Marshall, duro y adolescente, con un reclamo a la figura paterna.

La batallas, si bien deberían ser lo más impresionante son demasiado vertiginosas, para que casi no se note el CGI, aún así son entretenidas por la variedad de enemigos, como gigantes, zombies, un odioso cerdo, apariciones del mismísimo infierno y el boss final, la bruja Nimue «The Blood Queen», interpretada por Milla Jovovich, quien será la que meta la duda en el demonio.

Si bien algunos elementos se sienten forzados, y la exposición puede hacerse tedioso para algunos, es una película que logra satisfacer, además entre más se conozca al personaje se notarán un montón de referencias que se encuentran en Hellboy.

Una práctica común ya en las películas de héroes son las escenas post céditos, aquí no es la excepción. Una sólo para conocedores del personaje y otra que anuncia la llegada de un nuevo personaje, así que a esperar hasta llegar a éstas.

Sobre El Autor

La nostalgia al papel lo hace leer con esmero todo lo que le caiga en sus manos, adicto a la tradición de hablar demasiado, amante del cotilleo, la tecnología, los comics y las relecturas de su propio espacio. Puedes leer sus irreverencias a través de @IlPalabroEnferm y @LuisGuiSan

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