La frivolidad consumista y desinterés de la juventud en temas como el calentamiento global, la explotación a la clase trabajadora y las relaciones en las que reina la hipocresía, la manipulación y el deseo de aniquilar al más débil, es lo que retrata el montaje operístico y teatral El juego de los insectos.

La ópera en dos actos, basada en la obra Imágenes de la vida de los insectos de los hermanos Karel y Josef Čapek, se estrenó el domingo 3 de junio en el Palacio de Bellas Artes con música de Federico Ibarra, libreto de Verónica Musalem, bajo la dirección escénica de Claudio Valdés Kuri.

«En esta obra hay emoción, intriga, drama, comedia, no hay un sólo momento aburrido y además se cuenta con la maravillosa música de la Orquesta y el Coro del Teatro de Bellas Artes», dijo Valdés Kuri, quien previo a la función de ensayo general destacó la participación en este espectáculo de 200 artistas entre staff y el reparto encabezado por Joaquín Cosío y la dirección orquestal de Guido María Guida.

Tras la tercera llamada las puertas de la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes se cierran, el bullicio de los asistentes va desapareciendo quedando un completo silencio el cual es interrumpido por un vagabundo (Joaquín Cosío), que camina entre los pasillos de las butacas, quien manifiesta no creer en el ser humano.

Sobre el escenario el personaje desalineado manifiesta estar cansado y decepcionado del comportamiento destructivo, egoísta e individualista de las personas. Meditabundo cree que el mundo de los insectos es mejor, por lo que decide adentrarse al bosque y recorrerlo, ¡Voy a iniciar una gran aventura!, exclama.

En su andar, el vagabundo conoce el hábitat de las mariposas, el mundo subterráneo (habitado por moscas, larvas, parásitos, gusanos, escarabajos y grillos), y el de las hormigas, encontrándose con conductas negativas, similares sino es que idénticas a las de los humanos, lo que le provoca una gran decepción.

Los insectos son dominados por sus instintos, algunos son crueles, quieren tener poder e imponerse sobre los demás, otros son desagradables, descuidados, arribistas, despectivos, pretenciosos, ordinarios y gruñones.

Aunque lo que observa el vagabundo es frustrante, decide regresar a su mundo y reiniciar su búsqueda por un lugar mejor. “Siempre se puede rectificar”, manifiesta a la audiencia.

El montaje operístico, además de las grandes voces, las actuaciones y el vistoso vestuario, capta la atención del los espectadores por el gran elenco artístico sobre el escenario (casi 200 personas), su escenografía, coreografías y el uso de la danza aérea.

La historia del montaje El juego de los insectos se remonta al año 2006, cuando Federico Ibarra, sin la seguridad de que fuera posible su estreno, emprendió los trabajos en la creación de la partitura de la puesta: dos actos, un prólogo, un epílogo y tres escenas.

La labor creativa del reconocido compositor le llevó casi tres años, estrenándose en una versión de cámara en 2009, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, cuyos protagonistas fueron los 22 cantantes del grupo Solistas Ensamble del INBA.

Casi nueve años después arribó este montaje escenificado a cargo de la Compañía Nacional de Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes, con el que se busca que el público se acerque al género operístico.

Todas las imágenes son © Conaculta

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