Un estado que va más allá de la tristeza, un momento que otorga reflexión, e incluso, creación y en el que todos nos hemos encontrado es la melancolía y es el pilar de la exposición Melancolía, que llegó al Museo Nacional de Arte y permanecerá al 9 de julio de 2017, en las salas del primer piso del recinto.

La muestra ahonda en la manera en la que la melancolía, comúnmente caracterizada por reflejar las pasiones y afectos más oscuros del ser humano, es representada en el arte mexicano.

Se incluye una selección de 137 piezas, entre pinturas, grabados, esculturas y publicaciones, que podrá visitarse del 5 de abril al 9 de julio de 2017, en las salas del primer piso del recinto.

Bajo la curaduría de Abraham Villavicencio García, y conformada por el trabajo de alrededor de 80 artistas de la plástica mexicana, esta exposición reflexiona en torno a la manera en que el sentir humano ha sido explicado, interpretado y representado, dejando ver a la melancolía como una posible raíz de creatividad artística.

En palabras de Villavicencio, “esta exhibición busca exaltar las cargas afectivas evocadas en obras de importantes artistas novohispanos, modernos y contemporáneos a través de temas como el pecado, la culpa, el duelo, el desamor, la muerte, la espiritualidad, la creación y la magia”.

Roberto Montenegro Así es la vida, 1942 Óleo sobre tela 100 x 150 cm.

Roberto Montenegro, Así es la vida, 1942, Colección López Velarde

“Melancolía pone de mani esto que, además de pesadumbre, locura y miedo, este sentimiento es capaz de producir creatividad, heroísmo, intelectualidad y la búsqueda en lo profundo del ser humano. Repensarla de la mano de los artistas mexicanos que participan en esta muestra, es una oportunidad para reencontrarnos con raíces culturales antiquísimas que nos permiten descubrir, bajo una nueva luz, nuestro potencial de trascendencia, de salvación y de autoconocimiento”, apuntó Sara Baz Sánchez, directora del Museo Nacional de Arte.

La muestra está conformada por 4 núcleos temáticos, el primer tema recibe el nombre de La pérdida del paraíso, donde se re exiona sobre las distintas maneras en que el cristianismo representó la amargura y desesperanza tras la caída de Adán y Eva, ocasionadas por la creencia en un pecado original y en la vida privada de la contemplación divina. Se observa al melancólico deambular en sufrimiento incesante por el reproche y el autocastigo. Algunas de las piezas que conforman este núcleo son Rey de burlas (Siglos XVII- XVIII), de Cristóbal de Villalpando; y Después de la tormenta (1910), de Diego Rivera.

Por su parte, La noche del alma, segundo núcleo de la muestra, reúne representaciones artísticas que abordan las pérdidas de amor, como la muerte de los hijos para las madres, la viudez, la orfandad y los amores fallidos, que en algunas ocasiones pueden llevar al suicidio o al sinsentido. La cuna vacía (1871), de Manuel Ocaranza; Margarita arrepentida (1881), de Felipe Ocádiz; Retrato de Sofía (1991), de Julio Galán; La dama de las violetas (1908), de Germán Gedovius; y Bodas del cielo y el in erno (1996), de Arturo Rivera, son algunas de las obras que componen esta selección.

Saturno, dios antiguo que personi caba al tiempo e identi cado con el más sombrío de los planetas, fue considerado responsable de la melancolía. Sus poderes cobran fuerza en La sombra de la muerte, tercer apartado de la exposición, que a través de piezas como María Magdalena (ca. 1690-1700), de Juan Tinoco; Este es el espejo que no te engaña, también conocido como Alegoría de la muerte (1856), de Tomás Mondragón, Así es la vida (1942), de Roberto Montenegro, y Muerte y resurrección (s.XX), de José Clemente Orozco; aborda el desengaño del mundo del que es testigo el melancólico. La muerte se convierte en su gran obsesión como el compañera dialéctica y necesaria de la vida.

Finalmente, en Los hijos de Saturno, último núcleo de la exposición, se da cabida a la idea renacentista según la cual, quienes nacían bajo los signos zodiacales de sagitario y acuario, regidos por Saturno, estarían impregnados de una sabiduría cósmica y del genio artístico; por tanto, estos individuos sobresalían entre la humanidad como ascetas, profetas, santos, místicos, poetas, artistas, lósofos y alquimistas. Eran la prueba de que la melancolía era el camino para ascender hasta la claridad del alma humana y a la mente del universo. Entre las obras que conforman esta sección, sobresalen: Pierrot doctor (1898), de Julio Ruelas; Mujer en la ventana (1948), de Alfonso Michel; El iluminado (1982), de Ru no Tamayo; y Magus (2010), escultura de bronce hecha por Leonora Carrington.

Saturnino Herrán, Los ciegos

Saturnino Herrán, Los ciegos, 1914, Museo de Aguascalientes

La selección de piezas proviene de la colección del Museo Nacional de Arte, además de la invaluable participación de 44 colecciones institucionales y particulares, entre las que destacan las pertenecientes a la Pinacoteca de la Profesa, Isabel y Agustín Coppel, A.C., la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, el Museo Regional de Querétaro, el Museo Franz Mayer, la colección Andrés Blaisten y la colección Pérez Simón, entre otras.

Melancolía estará acompañada por una publicación en español, memoria gráfica de las piezas que conforman la muestra y enriquecida con textos de los especialistas Roger Bartra, Helí Morales, Marcela Martinelli Herrera, Ángel Octavio Álvarez Solís, Jaime Ruíz Noé, Sara Baz, Mónica López Velarde, y un texto curatorial de Abraham Villavicencio García. Este catálogo podrá adquirirse en la tienda del museo.

En el marco de la muestra, y con la finalidad de ampliar la experiencia de los visitantes, el museo presentará un programa de actividades paralelas conformado por una sala de mediación, pláticas con especialistas, un ciclo de cine, y una activación de danza. Todas actividades serán gratuitas y podrán consultarse en la página y las redes sociales del museo.

José María Ibarrarán y Ponce , 1877 Óleo sobre tela 204.7 x 141.5 cm

José María Ibarrarán y Ponce , 1877

Rufino Tamayo El iluminadio, 1982 Óleo y arena sobre tela 95 x 130 cm Col Bravo Ahuja

Rufino Tamayo, El iluminado, 1982, Colección Bravo Ahuja

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Emilio Baz Viaud, La suicida, 1952, Colección Andrés Blaisten

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Baltazar de Echave Ibía, San Pablo y San Antonio ermitaños, siglo XVII, Museo Nacional de Arte

Mujer llorando

David Alfaro Siqueiros, Mujer llorando, 1944, D.R. David Alfaro Siqueiros/ Somaap/México/2017

Manuel Ocaranza, La cuna vacía

Manuel Ocaranza, La cuna vacía, 1871, Museo Nacional de Arte

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Manuel Rodríguez Lozano, Mujer de blanco, 1942, Colección Banco Nacional de México

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Juan Tinoco, María Magdalena, siglo XVII, Colección Banco Nacional de México

Félix Parra. Solos 1898

Félix Parra, Solo, 1898, Colección particular

Diego Rivera, Después de la tormenta, 1910

Diego Rivera, Después de la tormenta, 1910,  D.R. © 2017 Banco de México, Fiduciario en el Fideicomiso rela vo a los Museos Diego Rivera y Frida Kahlo.

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Julio Ruelas,  Pierrot doctor, 1898 Colección Isabel y Agus n Coppel A.C.

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