¿Por qué algunos autores, pintores o creativos son apartados y por más que se esfuercen no logran “el éxito? Una serie de mecanismos de grupos en el poder son los que juegan para que esto suceda como nos hace notar Juan Pablo Villalobos en su libro Te vendo un perro, publicado por Anagrama.

En este libro retrata la historia de Teo un taquero jubilado y pintor frustrado, a partir del personaje nos hace partícipe en la reflexión del por qué algunas personas logran triunfar y muchos otros no, una de las principales razones que vislumbra es la incomprensión hacia estos autores, así que los apartamos, algo que es normal y logra comprender.

Aunque existe una lectura menos inocente que está relacionada a los mecanismos del poder como políticas culturales, cacicazgos artísticos que deciden “lo que puede tener éxito y que es lo que importa, que en muchas ocasiones no tiene que ver, desgraciadamente, con el valor artístico de la obra”, comenta Juan Pablo, y también nos encontramos con las corruptelas, influencia, el capitalismo de los amigos que en la actualidad ha empapado la cultura y el arte.

Todo este contexto es el que permite centrarse en un figura que en cierta forma podría considerarse no fue privilegiada, algo de lo real que se encuentra con la ficción con la presencia del pintor Manuel González Serrano, así toca uno de los temas de fondo del libro: la frustración.

El escritor reflexiona que más allá de la frustración, quizás, es de la sensación de lo inacabado, del proyecto que se aborta, esto nos lo ofrece al mostrar a un joven Teo quien en su juventud conoce a González Serrano, quien en su momento fue un marginado, pese a que en años recientes su obra se ha rescatado del olvido.

Teo y Manuel se unen por el fracaso, así consigue hablar del por qué son olvidados, qué mecanismos o que instancias de la legitimidad se ponen a funcionar para determinar que un escritor, pintor, artista, sean consagrados y otros olvidados, esto tiene que ver una parte en cómo se establece el canon artístico, por qué se decidió que Diego Rivera, María izquierdo, Frida Kahlo, fueran los grandes representantes de la pintura mexicana.

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Si bien podría considerarse una historia triste consigue que el personaje vea el mundo con cierto cinismo e ironía, desde su posición de jubilado que es una especie de trono que le permite burlarse de todo, por esa razón es que utiliza el absurdo para crear una visión muy distorsionada de la realidad en la que el lector fácilmente se dará cuenta que lo escrito “no es la realidad real, si no que es una realidad que el narrador ha construido pero dentro hay un montón de referentes que identifica con su realidad, los personajes, económicos e históricos, pero está caro que no puede ser la verdadera”.

Así es que en Te vendo un perro construye un espacio en donde el humor es importante para que sea confrontado con la propia experiencia del lector y esperando que en el choque de esos dos mundos pueda mirar, aunque sea por un momento, una visión distinta del mundo.

La charla acerca de la construcción del espacio en el que conviven los personajes se vuelve relevante por el uso de nombres como Khalo y Rivera, pero que fueran relegados a un segundo plano, además de la época en que se desarrolla la historia para lo que recrea este periodo de una manera muy esquematizada, muy estereotipada pero de manera consciente y así tener verosimilitud al retratarlo.

Ese desenfoque en las grandes figuras se vuelve simbólico al colocar como protagonista a Teo y Serrano, para darle un lugar más trascendente a los marginales, un juego que inicia gracias a la estética de Adorno, una teoría que se volvió trascendente en su vida, tanto así para formar su identidad como escritor.

Debido a lo anterior, resalta, Adorno transforma el libro como un objeto con el que se es capaz de generar violencia, ya que las ideas tienen una forma de afectar el mundo de una manera más contundente como lo hace un arma.

Algo un tanto más obvio son las batallas de la comunidad que interactúa en Te vendo un perro que retrata la situación cultural actual, ya que en constante confrontación están los solemnes que asisten de manera muy puntual a los funerales de poetas y tienen una idea muy alta de la literatura; mientras el otro grupo es más irreverente ante la vida y el arte, estos conflictos se vuelven una dialéctica que hace que avance la historia y una serie de batallas que de investigarlo podríamos descubrir en el país.

El publicar esta novela se convirtió en un alivio para Juan Pablo pues tras catorce años de tenerla guardada por fin vio la luz y que uno de los motivos fue el que no quería una novela histórica de la vida de Serrano, le llevo algún tiempo darse cuenta de esto y considera aún no estaba maduro, así pasaron dos libros más para lograrlo; el autor muestra su humildad.

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