El dolor de ciertos momentos en la vida puede ser tan grande que buscamos evadirlo, preferimos no pensar en su existencia, pero éste permanece ahí hasta quebrarnos y obligarnos a curarnos, todo esto es algo que conoce bien Lorena Pronsky y que comparte en Rota, se camina igual (Hojas del Sur, 2018).

Lorena cuenta que este libro, el cual se ha convertido en un best-seller con más de 20 mil copias vendidas y va en su cuarta edición, surgió en un momento en el que ella atravesaba por un duelo, un momento de desgaste físico y emocional, así que para sobrellevar esto sólo comenzó a escribir.

«Empecé a escribir como una manera de liberarme, de poder hacer carne todo eso que me pasaba, esa angustia, ese dolor, para asumirlo y comenzar a trabajarlo. Hice un viaje emocional hacia mi centro, para conectarme con los afectos que vivía. Sólo empecé a escribir, escribir y escribir…», relata la escritora.

Pero hizo algo más con sus escritos, los subió a Facebook para crear una página que se llama Cúrame y que cuenta con más de 150 mil seguidores. Poco a poco sus textos se comenzaron a popularizar, eran tomados para ser recitados en radio. La comunidad fue la que pidió que el libro físico surgiera, para lo que la buscó Andres Mego, editor de Hojas del Sur, quien le propuso la idea de escribir un libro de la misma forma, donde hablase de la vida diaria y el dolor con el que se vive. 

Respecto a la creación de sus textos y libros, Pronsky comenta que son escritos cortos, microrrelatos basados en la vida, todos basados en alguna emoción específica, que no son ficcionados y por eso ofrecen cierta crudeza. «Es un cachetazo de realidad, porque no adjetivizo nada, es la realidad tal cual». 

La escritora explica que si bien es psicóloga, para sus creaciones literarias utiliza un lenguaje «muy urbano» para que sea más accesible. Aunque para su proceso prefiere dejarse llevar. «Se va a escribiendo a medida de lo que va sintiendo, lo que se ve en la hoja es la sangre en la hoja, eso es lo que encontrarás en la página, logro hacer simpatía con el otro».

Fue justo la conexión con los «otros» lo que ayudó a Lorena a sanar, descubrir que no estaba sola. «Fue justamente fue lo que nos sanó unos a los otros, entender que esto que se ve en la sociedad hoy en día», comparte.

Aunque es más complejo, ya que explica cómo en redes no se está tan acostumbrado a mostrar esa cara más dolorosa de la vida, en especial en Redes Sociales, así que cuando ella comenzó a hacerlo fue dar una mirada distinta, «salirnos de este camino de que la gente siempre es exitosa y feliz».

Su propuesta fue mostrar las dos caras de la vida, «la resistencia al dolor se perpetúa si lo negamos», así que la gente encontró un nicho en Cúrame para manifestar ese dolor. «Me siento bien de ayudar al otro, ser la voz de los que no pueden hablar, de poder hablar e iniciar una revolución interior».

Acerca de su segundo libro, homónimo a su página de Facebook, Cúrame (Hojas del Sur, 2019) explica que es una Rota más fortalecida, «de alguna manera más convincente, más empoderada, que muestra que todo el proceso de duelo tuvo un desenlace. De volver a adquirir seguridad en uno mismo».

La escritora agrega que no su libro no es sólo para mujeres, aunque por la temática y las emociones podría pensarse así, además de que su voz es femenina.

«Las emociones no son cuestión de género, todos estamos atravesados por las mismas emociones, sólo que al estar escrito en primera persona eso hace un impacto más profundo con las mujeres».

Insta a los lectores, y personas en general, a animarse a conectar con las situaciones que nos suceden, esto para revertirlo o volver a elegir que «nuestra infancia, algún trauma no es nuestro destino, que uno puede salir, ya sea hablando, escribiendo». Lorena destaca el poder que tiene la palabra, pues en su visión ésta es sanadora en sí misma, «crea un puente en el vinculo con el otro y es algo que se ve en Cúrame, que el otro me puede sanar, solamente si yo estoy dispuesta a sanarme».

Respecto a la cuestión sanadora de la escritura, Lorena Pronsky hace hincapié en el poder de la palabra, agrega que esto fue lo primero que tenía a la mano, en ese sentido, al hablar con sus pacientes siempre los incita a nombrar su angustia. 

«Uno tiene empezar a nombrarlo, empezar a manifestarlo, cómo se llama o que me duele. Uno sabe, desde la psicología, del efecto sanador que tiene el lenguaje».

Relata su experiencia al escribir, que conforme lo hizo con más frecuencia, se daba más cuenta de que se ordenaban sus ideas. «La angustia tenía un lugar para ser depositada… y bueno, de repente me vi con esto de que la escritura se había convertido en una necesidad, así que la gente me empezó a decir que era la voz de aquellos que no podían hablar, de que no sabían lo que les estaba pasando de que no podían pronunciar eso, de que eran silenciados, sufrían una situación de pérdida o maltrato.

Uno de los puntos que más destacan de los proyectos de Lorena, es como logra hacernos redescubrir ciertas emociones que podrían decirse son negativas, esta omisión, comenta, viene de que hay mandatos, «está sobrevaloreado que ser bueno hay que callarse la boca y silenciar, es no decir nada, es no ir al choque y uno puede manifestar lo que le pasa».

Para Lorena, tras redescubrir estas emociones, existen un montón de lugares distintos, esto sin necesidad de ir al choque, «se trata de administrar emociones, cuando algo es bueno o malo, es como ingresa a las emociones y salir de ahí, liberarlo, es algo que te sanará conocerse, como creo una buena manera de conocerse es tener claro las emociones uno siente y como se conecta con ellas».

 

Sobre El Autor

La nostalgia al papel lo hace leer con esmero todo lo que le caiga en sus manos, adicto a la tradición de hablar demasiado, amante del cotilleo, la tecnología, los comics y las relecturas de su propio espacio. Puedes leer sus irreverencias a través de @IlPalabroEnferm y @LuisGuiSan

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