El pintor Seth Armstrong nos coloca en una posición privilegiada en su obra al convertirnos en voyeuristas de la vida de los personajes que crea, así nos ofrece la oportunidad de crear nuestras propias historias y hacernos reflexionar acerca del tema del observador de aquel que mira en secreto.

Con luminosidad viscosa y personajes bien definidos, cualidades logradas con una aplicación perfectamente limpio, sus obras se siente pesado con tacto y denso con el espacio y el cuerpo tangible. Estos contrastes logran una sensación de tensión visual melancólico que logra evocar tanto la nostalgia y la extrañeza de forma simultánea.

Así como el cine logra satisfacer nuestro amor innato de acceso voyeur, también lo hacen las pinturas nos ofrecen vistas a la vida privada que tanto frustra y satisfacer.

La sugerencia de la narrativa constante invade incluso las vistas más silenciosas y menos activos, como Armstrong nos recuerda los recovecos secretos detrás de todas las puertas cerradas y todos los rostros tranquilos.

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Todas las imágenes son © Seth Armstrong

Sobre El Autor

La nostalgia al papel lo hace leer con esmero todo lo que le caiga en sus manos, adicto a la tradición de hablar demasiado, amante del cotilleo, la tecnología, los comics y las relecturas de su propio espacio. Puedes leer sus irreverencias a través de @IlPalabroEnferm y @LuisGuiSan

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