Las obras de Gustavo Beckelmann destacan por una vena surrealista que se asoma, que es apreciada en la galería Verónica Torres, a un año de la muerte del artista.

Beckelmann dejó un legado escultórico importante, de impronta propia, lograda tras años de experimentación, que deja al libre albedrío del espectador la interpretación de este mensaje. Con un gran silencio perturbador despliegan lo ominoso de un mundo limitando con las fronteras de lo sub-real.

“Hacer escultura es ocupar espacio, y ocuparlo con una pretensión estética determinada. Y al ocupar espacio, la escultura molesta, se pone en el camino, requiere consideraciones especiales. Llevar una a casa es más que poner un clavo en la pared. Y aún más molesta que la escultura, es hacerla. Polvo, fuego, herramientas ruidosas, hornos, por norma son demasiados para un hogar normal. Como decía Alexander Calder: ”si no tenés taller, todavía podés dibujar”. El taller, ese espacio tan especial para el escultor, indispensable para los que perpetramos escultura”, opinaba Beckelmann respecto a su obra..

Beckelmann nació en Asunción en 1963. Estudió arquitectura y trabajó mucho tiempo en la construcción, lo cual le permitió volcarse a la escultura. Fue autodidacta, pero tomó un pequeño curso con Herman Guggiari. Desde 1985 hace participaciones en exposiciones colectivas, como en Artesanos, Areté, Feriarte, De Hazelaar, entre otros.

Todas las imágenes son © Portal Guarani

Sobre El Autor

La nostalgia al papel lo hace leer con esmero todo lo que le caiga en sus manos, adicto a la tradición de hablar demasiado, amante del cotilleo, la tecnología, los comics y las relecturas de su propio espacio. Puedes leer sus irreverencias a través de @IlPalabroEnferm y @LuisGuiSan

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