En ocasiones, es posible sentir presencias fantasmales, fuerzas que ya no deberían existir, pero que persisten pese a todo, esto es la marca del racismo, situación que retrata Peter Farrelly en Green Book (2018), su más reciente obra, y que nos muestra un Estados Unidos en los 60s que no parece haber cambiado mucho en lo que respecta a su trato hacia los afroamericanos.

La historia que Farrelly aborda, está basada en un hecho real y se trata un suceso, que es poco usual en la vida: la forja de una amistad. Este lazo se da entre Nick «Tony Lip» Vallelonga (Viggo Mortensen) y Dr. Don Shirley(Mahershala Ali), unión que se construye en una filme de carretera; que muestra cómo la cotidianidad y el trato es lo que permite desterrar al fantasma.

La obra de Farrelly se sustenta en las personajes, así que es clave conocer a cada uno antes de su encuentro. Para empezar tenemos a Tony Lip, un italiano promedio, con poca educación, que resuelve «problemas» a puños, en la mayoría de ocasiones y que se ha ganado fama por esto. Se trata de un hombre apegado a sus hijos y, en especial, a su esposa, interpretada por Linda Cardellini. Se trata de un alguien propio de su época, que no es racista por gusto, si no que en los 60s era el status quo.

Por su parte, el buen Don Shirley es un músico afroamericano con talento excepcional, cuya habilidad lo llevo a tener la oportunidad de superarse y prepararse para interpretar las grandes obras para piano de los grandes como  Beethoven, Chopin, Rachmaninov… Pero, debido a su color de piel sus allegados le recomiendan tocar piezas más populares, algo más accesible para los blancos. Se trata de una persona, que por su intelecto y bagaje cultural se ve alejado de la sociedad, a vivir bajo el estigma del genio y obligado a estar en soledad.

¿Cómo es que estos personajes tan desiguales se unen en la década de los 60s? Por una propuesta de trabajo inusual, ya que Don Shirleyrequería un chófer para una serie de gira por los estados del Sur, de Estados Unidos, aquellos donde era más compleja la situación racial, así que las habilidades de alguien como Lip eran requeridas, pues se esperaban una gran variedad de problemas.

Si bien, al primer encuentro de estos personajes se ve una historia usual, donde estos lucharán hasta aceptarse y tratarse con respeto, Farrelly logra una buena química entre Lip y Shirley, además de que el humor, en buena medida, hace diferente esta experiencia fílmica. Es posible apreciar cómo cada uno se nutre entre el intercambio, cómo es que logran aprender.

Un punto al que invita a reflexionar la película, al menos para algunos espectadores, es que que esta situación racial aún no ha cambiado mucho en algunos sectores, ya que al afroamericano aún se leve cómo ese ser que se le puede ensalzar como un premio o un medio para mostrarse como menos racistas, sólo por «tener un amigo negro».

Un punto álgido en la película es cuando Shirley y Lip se enfrentan, momento en el que se deja entredicho que no importa que Lip sea de la clase trabajadora y no tuviese la oportunidad de estudiar, él nunca podrá entender la discriminación, que no importa lo genial que sea Shirley seguirá siendo sólo un negro más, sin importar su clase y educación; algo incómodo para ver, sin duda.

Pese a todo ese dolor racial, se trata de una película amigable, que utiliza el humor para sobrellevar la situación y que muestra que lo épico está en estas situaciones, que podrían considerarse, pequeñas. Demuestra que el forjar una amistad es el medio para romper las fronteras con el otro, un suceso que enriquece a las personas y permite cambiar puntos de vista.

Sobre El Autor

La nostalgia al papel lo hace leer con esmero todo lo que le caiga en sus manos, adicto a la tradición de hablar demasiado, amante del cotilleo, la tecnología, los comics y las relecturas de su propio espacio. Puedes leer sus irreverencias a través de @IlPalabroEnferm y @LuisGuiSan

Loading Facebook Comments ...