Sin duda, volver al pasado puede ser arriesgado, ya que todo lo que se fue creado está en riesgo de ser trastocado, volverse en algo nuevo, esto es lo que sucede en, y le ocurre a la saga, Terminator: Dark Fate, dirigida por Tim Miller, y que sería la tercera parte de la saga.

La película desde el principio busca alejarse de sus predecesoras, pues la mítica figura de John Connor es borrada de la historia, aunque el futuro que liberaría tampoco existe ya, esta posibilidad se deja desde Termiator 2 Judgment Day con la destrucción de Cyberdyne.

La segunda película y su final en la carretera se deja la idea de que el destino no está escrito, pero parece que el destino es inamovible, ya que si Skynet no inicia la guerra vendrá algo más para que se de la guerra entre la humanidad y las máquinas.

Todo esto nos deja a a una Sara Connor (Linda Hamilton) que, pese a salvar a la humanidad, no fue capaz de salvar a su propio hijo, lo que la transforma en un personaje trágico, que no tiene un propósito claro. Y en este nuevo universo tenemos a una nueva abanderada Dani Ramos (Natalia Reyes).

Dani es la protagonista a cuidar, como es costumbre en Terminator. Ciertos elementos se repiten, así que no se logra alejar lo suficiente de la saga. En esta ocasión, será protegida por Grace (Mackenzie Davis), una humana aumentada, que es la muestra de cómo la visión de las personas hacia la tecnología ha cambiado.

La marcada presencia femenina ha causado un gran revuelo en los seguidores de la franquicia, aunque no debería existir, pues si bien John era visto como el gran salvador del futuro, en el presente es Sarah quien tomaba el liderazgo. Ahora sólo lo borraron de la ecuación por completo.

Un vestigio de ese futuro que no fue es el T-800, responsable de la muerte de John, conocido como Carl (Arnold Schwarzenegger). Sin más órdenes el autómata se queda sin un objetivo, aquí es él quien ofrece la reflexión que tienen las películas con el sello de James Cameron.

¿Sería posible que el robot adquiera consciencia? Sin un propósito y sin más órdenes que seguir, parece que la vida, incluso mecánica, sigue y encuentra un camino. Proteger a su familia es lo que se plantea como misión primordial Carl.

Resulta curioso como se invierten papeles, Sarah pierde su humanidad y el T-800 la gana, qué nos define como humanos, será el amor hacia el otro, tener un objetivo, una misión, aquí cada quien escogerá su propia respuesta. Cada quien, si es que la ve, tendrá su propia reflexión en este punto en particular. También se puede pasar de largo y centrar en la acción, que es buena.

El peculiar grupo se enfrentará al Rev-9 (Gabriel Luna), una máquina que hasta el momento es la más mortal de la saga, casi indestructible, que es una suma de las primeras dos películas, sí, pero parece algo orgánico. Algo natural, que muestra el desgaste de las películas, habría que dejarla descansar un poco más.

Algunos puntos a destacar son los recuerdos de Grace, la mirada que ofrece del futuro, aún más mortal y desesperante que el futuro anterior, se trata de recuerdos de algo que será. 

Un punto inexplicable es el trato y visión hacia la nueva protagonista, ya que Sarah desde la segunda película muestra estar con los alineados de la sociedad, que aquí se trata de migrantes, por eso no es de extrañar que de aquí venga el nuevo salvador. Se tienen que mover fuera de la ley y no se ve como una inclusión forzada, aunque muchos lo notaron así. 

Todos estos elementos ofrecen una buena película de acción, muy del pasado, aunque ciertos aspectos no logran fundirse del todo, aun así está por encima del promedio de lo que se ofrece en el género.

Sobre El Autor

La nostalgia al papel lo hace leer con esmero todo lo que le caiga en sus manos, adicto a la tradición de hablar demasiado, amante del cotilleo, la tecnología, los comics y las relecturas de su propio espacio. Puedes leer sus irreverencias a través de @IlPalabroEnferm y @LuisGuiSan

Loading Facebook Comments ...