Para algunos es probable que la violencia sea una cuestión tan lejana que en la actualidad sólo se trata de un mito o algo que se puede leer en tabloides, por lo que es cuestión del crimen organizado, pero existen personas que por el hecho de nacer en ciertas zonas están atrapadas en un mundo donde el fuerte prevalece como nos muestra Luis Felipe Lomelí, en Indio Borrado (Tusquets).

En esta obra el autor nos transporta a un Monterrey, que podría parecer del pasado, en el que bandas rivales combaten por territorios y los jóvenes se labran un nombre gracias a sus puños, así lo deseen o no; una historia  que recorremos en compañía de El Güero, quien recuerda con su apodo que lo que se cuenta podría ser la historia de cualquiera, de un amigo cercano, un vecino o alguien con quien coincidimos en la vida.

La manera que tiene el escritor para introducirnos a ese mundo es mediante la utilización de palabras y expresiones comunes del barrio, la construcción del ambiente en el que destacan balaceras nocturnas que acosan la tranquilidad de la noche, además de que nos lleva al territorio onírico del protagonista quien está atrapado en el mundo que le rodea.

Un sentimiento de desesperación es el que podemos sentir en el protagonista, ya que el Güero parece no encontrar una salida a su propia vida, aunque en momentos sólo se deja conducir pues se tiene que volver en un hombre a tan temprana edad, también mostrar su valía para los miembros de la banda a la que pertenece; existe un dolor del pequeño que se ve acosado por la imagen de hombría que debe tener ante la sociedad.

Debido a todo lo que carga en sus hombros el protagonista atraviesa diversos conflictos internos que al soñarlos se vuelven fascinantes de seguir, en los que la muerte está muy presente, ya sea para él o las personas que lo rodean, aquí Lomelí nos encgancha con una manera única para describirlos y mostrar cómo es que la realidad es la que golpea a sus protagonistas y el ensueño sólo se vuelve en una alternativa a la realidad no un territorio de magia.

Un mundo en el que no hay espacio para la imaginación y sólo las acciones son las que nos definen y en el que los peores sucesos se vuelven relevantes en este mundo para dar forma a las leyendas de las bandas, historias de aquellos que se enfrentaron, o incluso  mataron, a varios contrincantes o fueron abatidos de manera heroica y sólo son recordados por sus camaradas y logran trascender en la memoria colectiva.

En detalles nos presenta el panorama social en el que viven los personajes, que parecen estar en medio de una constante construcción de su propia identidad como ocurre con la ciudad, se trata de un Monterrey dividido, donde algunos barrios van en ascenso y otros en decadencia. Sólo aspiraciones pues hay colonias que serían proyectos innovadores para copiar lo mejor del país, pero nunca sucedieron, pero aún así se alza con orgullo para decir “Somos Monterrey”.

Aunque los personajes parecen no tener salida la esperanza se asoma de vez en cuando por el amor e inocencia como si fuese algo puro que no permiten sea tocado ni evidenciado, un pequeño rincón que sólo les pertenece y que por ocultarlo en ocasiones se pierde. También el lenguaje es el que nos ayuda a pensar en esa esperanza por los tientes poéticos que en momentos deja entrever el escritor.

Indio Borrado, Luis Felipe Lomelí, Tusquets, 2014

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