De vez en cuando, hay que darse un tiempo para examinar y apreciar el trabajo de los grandes maestros como Alberto Giacometti uno de los artistas de lo figurativo más reconocidos, además de un gran paso por el surrealismo en los años 30s.

En 1925 es cuando empieza a construir esculturas imaginarias que evocan las formas humanas, “esculturas planas” y “esculturas abiertas “. En 1926, bajo la influencia de Laurens, de Zadkine y de Lipchitz, Alberto Giacometti se somete a la disciplina cubista. Su primera exposición personal está organizada en 1930, en un momento cuando ya se unió al grupo surrealista. Sus encuentros con Miró, Masson, Leiris, le habían impulsado a entrar en el mundo de los surrealistas pero rompe las relaciones con ellos en 1934. Dibuja, graba, ilustra (Crevel). Sus obras surrealistas evocan la violencia, el sexo y la muerte.

En 1934, en un período de soledad, destruye varias obras y decide volver a un trabajo que sea “un duplicado de la realidad“ ; el artista quiere dar constancia del mundo exterior, del rostro y del conjunto del ser humano (numerosos bustos de su hermano). Las obras pintadas son depuradas, sin artificio, y poco coloreadas. Entra en una fase en la cual sus esculturas son cada vez más pequeñas.

El abandono del surrealismo y la vuelta al arte figurativo constituyen el preludio de la llegada de Giacometti a su estilo más singular y característico, el que desarrolló a partir de comienzos de la década de 1940. Aparecen entonces sus figuras humanas alargadas y de apariencia nerviosa, muy delgadas y de superficie áspera, a menudo de tamaño natural, que pueden estar representadas solas o en grupo.

Son estas obras las que han hecho de Giacometti uno de los artistas más originales del siglo XX, también en pintura, donde sus obras se caracterizan por figuras rígidas y frontales, simbólicamente aisladas en el espacio. En estas creaciones que representan la soledad y el aislamiento del hombre se ha querido ver un trasunto de la filosofía existencialista, y de hecho Jean-Paul Sartre, el máximo representante de la tendencia, reconoció en la obra de Giacometti algunas de sus ideas y escribió sobre ella. La familia y los amigos del artista fueron sus modelos preferidos, en particular su hermano Diego, al que reprodujo en numerosas esculturas, pinturas y dibujos.

Todas las imágenes son © Alberto Giacometti

Sobre El Autor

La nostalgia al papel lo hace leer con esmero todo lo que le caiga en sus manos, adicto a la tradición de hablar demasiado, amante del cotilleo, la tecnología, los comics y las relecturas de su propio espacio. Puedes leer sus irreverencias a través de @IlPalabroEnferm y @LuisGuiSan

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