Tal parece que en el mundo estamos destinados a estar solos, pues somos únicos, un pensamiento, sin duda, muy triste que nos hace sentir una terrible soledad, pero esto puede cambiar con las sabias palabras de una madre que nos muestra una manera única de compartir(nos) con las personas, El abrazo.

Una acción tan sencilla como abrazar oculta una gran profundidad como nos muestra David Grossman, en un libro infantil que titula así El abrazo, e ilustrado por Michal Rovner, en el que nos muestra cómo es que nos fundimos con las personas al abrazarlas.

La mirada de un niño nos hace notar que en el mundo no existe alguien igual a nosotros y con esa inocencia nos cubre de soledad, ya que por más cercanos que seamos a la gente todos somos diferentes e irrepetibles, así sólo existe uno de nosotros en el mundo, por ello es que el cuestionamiento pueril se vuelca a cómo resolver esto.

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Pese a tener un poco de tristeza, por parte del niño, la madre en un sencillo paseo por un parque le explica al pequeño como es que un abrazo puede fundir a las personas, un momento en el que las soledades se comparten y las soledades, almas, parecen fundirse sólo en una.

Debido a lo anterior es que los trazos de Michal Rovner se vuelven tan hermosos, ya que son sombras que en cierta forma están unidas a todo lo que les rodea, algo que existe de manera invisible y nos hermanda al universo mismo y el abrazo es la forma de celebrarlo.

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El abrazo, David Grossman, Sexto Piso, 2015

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